Te invitamos a conocer a una variedad que hasta no hace mucho no era muy consumida. Hoy se nos presenta como una buena opción para disfrutar de una deliciosa tarde al sol.

Si el sau­vig­non blanc fue­ra una per­so­na sería una dama con ele­gan­cia, por­te y caris­ma. Y gra­cias a la actual ten­den­cia que con­sis­te en des­nu­dar la ver­da­de­ra expre­sión del varie­tal, estos son vinos ela­bo­ra­dos en base a varie­da­des con mucho que con­tar y cuyas carac­te­rís­ti­cas pri­ma­rias son de las más par­ti­cu­la­res del pano­ra­ma ampe­lo­grá­fi­co, tenien­do de esta mane­ra gran auge.
Es un varie­tal lla­ma­ti­vo en sus for­mas, atra­pa a la vis­ta con des­te­llos fríos y ace­ra­dos. Ense­gui­da entre­ga un per­fu­me seduc­tor que varía de las hojas ver­des a las fru­tas tro­pi­ca­les. Una vez que lle­ga al pala­dar, tan­to bri­llo pre­mia con fres­cu­ra y paso chis­pean­te, como una fugaz apa­ri­ción en el esce­na­rio.
“La pala­bra sau­vig­non está com­pues­ta por dos tér­mi­nos fran­ce­ses: sau­va­ge (sal­va­je); y vig­non (viña); que hacen refe­ren­cia a las notas aro­má­ti­cas vege­ta­les y sil­ves­tres de la varie­dad”.
Hace tiem­po ya, el Sau­vig­non ha sali­do de bam­ba­li­nas y gana cada vez más un lugar de pre­fe­ren­cia en la gón­do­la. Si has­ta hace 8 años era casi una rare­za, hoy muchas bode­gas apues­tan por él y el con­su­mi­dor lo comien­za a dis­fru­tar con mayor asi­dui­dad.
El cam­bio de su otro­ra esca­sez se pro­du­jo pri­me­ro por el el lado de la ofer­ta. Cuan­do la tec­no­lo­gía de las bode­gas per­mi­tió lograr vinos blan­cos sin oxi­da­ción por un lado, y por otro, cuan­do comen­za­ron a plan­tar­se selec­cio­nes clo­na­les de la varie­dad y se reem­pla­za­ron las vie­jas selec­cio­nes masa­les que no apor­ta­ban viva­ci­dad. Este doble movi­mien­to comen­zó con el cam­bio de la déca­da pasa­da y los resul­ta­dos hoy sal­tan al pala­dar.
Una dama con dos caras
Sau­vig­non blanc se mues­tra en dos ver­sio­nes en fun­ción del tipo de sue­lo y cli­ma en la que se cul­ti­va:
· En sue­los pobres de regio­nes de cli­ma fres­co o mode­ra­da­men­te sua­ve, el sau­vig­non blanc posee una ele­va­da aci­dez e iden­ti­fi­ca­mos con faci­li­dad sus clá­si­cos mati­ces ver­des y her­bá­ceos, una suer­te de huer­ta sen­so­rial que nos recuer­da al pimien­to ver­de, la hier­ba recién cor­ta­da y la orti­ga; mati­za­das por un mar­ca­do acen­to fru­tal y oral que nos trans­por­ta a lati­tu­des pro­pias de la fru­ta de la pasión.
· En regio­nes más cáli­das su carác­ter aro­má­ti­co es mucho más sutil y la fru­ta que­da redu­ci­da a un recuer­do de durazno y pome­lo. Sin embar­go, cuan­do la crian­za en roble se pro­lon­ga acu­den rau­das las notas com­ple­jas, adul­tas, ahu­ma­das y espe­cia­das, y enton­ces el con­jun­to bri­lla con luz pro­pia.
Cuán­do y cómo acer­car­se a ella
Entre las oca­sio­nes idea­les para tomar­lo, la lle­ga­da de los pri­me­ros calor­ci­tos abre la puer­ta a su con­su­mo y la pri­ma­ve­ra es el mejor momen­to. Como el Sau­vig­non se bebe muy joven y pre­fe­ren­te­men­te den­tro del año de cose­cha, sólo así entre­ga el ner­vio y la inten­si­dad aro­má­ti­ca que lo carac­te­ri­za.
Y para cul­mi­nar esta nota tan refres­can­te te reco­men­da­mos un sau­vig­non ideal para dis­fru­tar una tar­de de sol: Doña Pau­la, tan­to en su línea Los Car­dos como en la gama homó­ni­ma de la bode­ga. Dos ejem­plos de lo que es un vino ace­ra­do y per­fu­ma­do. Pero no son los úni­cos, que­da en tus manos bus­car y des­cu­brir nue­vas eti­que­tas para sabo­rear.