En el ros­tro tene­mos 57 múscu­los; son los que pre­sen­tan cone­xio­nes más ínti­mas con la epi­der­mis y nos per­mi­ten expre­sar nues­tros esta­dos de áni­mo: 17 se ponen en jue­go para son­reír y 43, para expre­sar enojo. Pero dia­ria­men­te, para mover ojos, nariz y men­tón uti­li­za­mos casi la mitad (30). Pese a este ejer­ci­cio dia­rio, los múscu­los facia­les van per­dien­do toni­ci­dad con el paso del tiem­po. Esto se debe a que la capa de gra­sa loca­li­za­da entre el múscu­lo y la piel se vuel­ve más del­ga­da y dis­mi­nu­ye su elas­ti­ci­dad.

Sin embar­go exis­ten entre­na­mien­tos for­ta­le­cer este gru­po de múscu­los de pro­ba­da efi­ca­cia. Según un estu­dio de la North­wes­tern Uni­ver­sity (Esta­dos Uni­dos), publi­ca­do en la revis­ta JAMA Der­ma­to­logy, “los ejer­ci­cios facia­les pue­den mejo­rar la apa­rien­cia, for­ta­le­cer los múscu­los y que el ros­tro se vuel­va fir­me y toni­fi­ca­do”. Así lo ase­gu­ró el doc­tor Murad Alam, vice­pre­si­den­te y pro­fe­sor de der­ma­to­lo­gía de la Facul­tad de Medi­ci­na Fein­berg de la Uni­ver­si­dad North­wes­tern.

Un gru­po de 27 muje­res de entre 40 y 65 años par­ti­ci­pó del estu­dio pilo­to que lide­ró Alam. Tras rea­li­zar ejer­ci­cios facia­les duran­te cin­co meses, fue­ron eva­lua­das por un panel indepen­dien­te de der­ma­tó­lo­gos que lle­gó a la con­clu­sión de que pare­cían, en pro­me­dio, tres años más jóve­nes.

Entre este tipo de entre­na­mien­to, ten­den­cia en los últi­mos años, encon­tra­mos al yoga facial, una varian­te de la popu­lar dis­ci­pli­na basa­da en la ges­tua­li­dad y en masa­jes; toda­vía poco difun­di­da en Euro­pa pero que ya tie­ne segui­do­res en nues­tro con­ti­nen­te. Diver­sos estu­dios clí­ni­cos coin­ci­den en seña­lar que esta téc­ni­ca, salu­da­ble y no inva­si­va, pro­me­te ser una alter­na­ti­va al bótox o la ciru­gía; es tan efec­ti­va como las cre­mas facia­les –aque­llas enri­que­ci­das con reti­nol o coen­zi­ma Q10- y es fácil de prac­ti­car debi­do a la sen­ci­llez de sus ejer­ci­cios.

El yoga facial per­mi­te for­ta­le­cer, reafir­mar, toni­fi­car y rela­jar los múscu­los de la cara de mane­ra natu­ral. Pero estos no son los úni­cos bene­fi­cios. Su prác­ti­ca sos­te­ni­da vuel­ve más ter­sa la piel; ayu­da a com­ba­tir y pre­ve­nir las arru­gas y las líneas de expre­sión; eli­mi­na la ten­sión; mejo­ra la irri­ga­ción san­guí­nea y ace­le­ra el pro­ce­so de rege­ne­ra­ción de los teji­dos.

Pero, ade­más, el yoga facial tam­bién tie­ne un bien tera­péu­ti­co, ya que com­ba­te el estrés, rela­ja la men­te, dis­mi­nu­ye las ten­sio­nes que acu­mu­la­mos en el ros­tro, el crá­neo y el cue­llo, evi­tan­do cefa­leas y el bru­xis­mo.

El pro­gra­ma más difun­di­do es el de ‘Happy Face Yoga’, crea­do por Gary Sikors­ki. Se tra­ta de una serie de 32 ejer­ci­cios crea­dos para tra­ba­jar la mus­cu­la­tu­ra de la cara y el cue­llo que con­sis­ten en tra­ba­jar la fuer­za duran­te un minu­to. Para acce­der al pro­gra­ma visi­tá www.happyfaceyoga.com

Por últi­mo, aquí te deja­mos un ade­lan­to de los ejer­ci­cios de ‘Happy Face Yoga’ (lla­ma­dos así por­que están basa­dos en la acción de son­reír).

Ele­va­ción de las meji­llas

Ayu­da a ele­var las meji­llas caí­das y ali­sar el labio supe­rior.

1. Son­reí. Abrí la boca y for­má una “o” gran­de.

2. Doblá el labio supe­rior sobre los dien­tes fron­ta­les. Son­reí de nue­vo para ele­var los múscu­los de las meji­llas. Poné los dedos índi­ces en la par­te alta de las meji­llas, jus­to por deba­jo de los ojos. Rela­já los múscu­los de los carri­llos, per­mi­tien­do que regre­sen a su posi­ción ori­gi­nal.

3. Son­reí de nue­vo con las comi­su­ras de la boca para ele­var los múscu­los de las meji­llas. Visua­li­zá que empu­jás los múscu­los hacia arri­ba, hacia los ojos, mien­tras son­reís. Hacé diez de estas fle­xio­nes; en la déci­ma, man­te­né los múscu­los de las meji­llas tan alto como pue­das.

5. Ale­já los índi­ces 2,5 cen­tí­me­tros del ros­tro y ele­va­los hacia el cue­ro cabe­llu­do. Sos­te­né esta pos­tu­ra duran­te 20 segun­dos mien­tras mirás hacia arri­ba, hacia tus dedos. Apre­tá los glú­teos duran­te estos 20 segun­dos (esto te ayu­da­rá a apre­tar las meji­llas).

6. Sol­tá y rela­já. Repe­tí seis veces.

Ele­va­ción de las cejas

Ayu­da a sua­vi­zar las arru­gas en los pár­pa­dos supe­rio­res, ele­var las cejas y mati­zar las arru­gas ver­ti­ca­les del entre­ce­jo.

1. Son­reí. Opri­mí con tres yemas de los dedos por deba­jo de las cejas para for­zar la aper­tu­ra de los ojos. Son­reí mien­tras tra­tás de frun­cir las cejas hacia aba­jo y con­tra tus dedos. Sos­te­né y res­pi­rá hon­do.

2. Cerrá los pár­pa­dos supe­rio­res hacia aba­jo y girá el glo­bo ocu­lar hacia la par­te supe­rior de la cabe­za. Man­te­né 20 segun­dos. Seguí res­pi­ran­do hon­do mien­tras son­reís.

4. Sol­tá y rela­já. Repe­tí tres veces.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here