Die­ta a base de san­gre

Humor absur­do y san­gre son los ingre­dien­tes prin­ci­pa­les de esta come­dia de terror que tuvo crí­ti­cas dis­pa­res para su pri­me­ra tem­po­ra­da: quie­nes la dis­fru­ta­ron la defi­nie­ron como una mez­cla poco homo­gé­nea de géne­ros que dio como fru­to una diver­ti­da y ori­gi­nal come­dia áci­da; quie­nes la repro­ba­ron dije­ron que es una serie mala, con momen­tos bur­dos, situa­cio­nes ver­gon­zo­sas y esté­ti­ca poco cui­da­da. Sea cual fue­ra la opi­nión que tuvie­ran los espec­ta­do­res acer­ca de San­ta  Cla­ri­ta Diet, lo cier­to es que has­ta los más detrac­to­res encon­tra­ron a sus per­so­na­jes entra­ña­bles. Y es que la quí­mi­ca entre sus pro­ta­go­nis­tas Shei­la (Drew Barry­mo­re) y Joel (Timothy Olyp­hant) se hace notar; y no se que­dan atrás las actua­cio­nes de Liv Hew­son como Abby, la hija de la pare­ja, y de Sky­ler Gison­do como Eric, el extra­ño vecino de la fami­lia.

El plot se desa­rro­lla en San­ta Cla­ri­ta, un barrio de las afue­ras de Los Ánge­les, don­de la vida sosa y abu­rri­da de la fami­lia Ham­mond da un giro de 360° cuan­do Shei­la, madre y espo­sa, mue­re y se con­vier­te en zom­bi. Lejos de tra­tar­se de  una  típi­ca serie de zom­bis, este show no tie­ne mie­do de explo­tar el gore y lo absur­do como par­te fun­dan­te de la tra­ma y como metá­fo­ra de los pro­ble­mas de la abu­rri­da vida sub­ur­ba­na.

La segun­da par­te lle­gó a Net­flix el 23 de mar­zo y superó con cre­ces la pri­me­ra, gra­cias a un guion más ela­bo­ra­do, una dosi­fi­ca­ción más espa­cia­da y ori­gi­nal de los gags y un mayor desa­rro­llo de la tra­ma y de los per­so­na­jes. Los faná­ti­cos le die­ron la bien­ve­ni­da con los bra­zos abier­tos a la segun­da tem­po­ra­da y no se decep­cio­na­ron.

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