La medicina china es una medicina tradicional, reflejo de la cultura que la ha originado: la cultura china. Para hablar de medicina china y entender sus orígenes, hace falta entender las bases de la cultura y de las filosofías que la han hecho tal como es. Las dos grandes corrientes que han influido en la cultura china de forma más notable son el confusionismo y el taoísmo.

El pri­me­ro empie­za a desa­rro­llar­se hacia el siglo VI D.C., gra­cias a la figu­ra de Kong Fu Zi (Con­fu­cio). Esta filo­so­fía dic­ta unas nor­mas mora­les muy estric­tas que tie­nen como base la fami­lia y el cuer­po humano. Para Con­fu­cio, la fami­lia y el cuer­po son sagra­dos e into­ca­bles. Esta for­ma de pen­sar hace que la medi­ci­na avan­ce en un sen­ti­do dife­ren­te al de occi­den­te: el res­pe­to al cuer­po no per­mi­te que evo­lu­cio­ne la ciru­gía ni los estu­dios en cadá­ve­res y, en con­se­cuen­cia, las vías de estu­dio del cuer­po humano son otras.
El taoís­mo tie­ne ori­gen se cree en la obra del filó­so­fo Lao Tse, naci­do hacia el 571 D.C. y con­tem­po­rá­neo por tan­to de Kung Tse. La filo­so­fía taoís­ta ayu­da a enten­der el cuer­po humano, la salud y la enfer­me­dad, en refe­ren­cia cons­tan­te a la natu­ra­le­za. Los taoís­tas creen que actuar de acuer­do con la natu­ra­le­za per­mi­te aumen­tar la resis­ten­cia físi­ca, pre­ve­nir las enfer­me­da­des y retra­sar el enve­je­ci­mien­to. El taoís­mo des­cri­be la figu­ra del Tao, como crea­dor de todo el Uni­ver­so, como el prin­ci­pio del cie­lo y la tie­rra. La figu­ra del Tao se des­cri­be como dos fuer­zas opues­tas y com­ple­men­ta­rias: EL YIN Y EL YANG. EL YIN: es la zona som­bría de la mon­ta­ña, quie­tud, rela­ja­ción, frío, la tie­rra, la par­te feme­ni­na, la inte­rio­ri­za­ción. EL YANG: es la par­te de la mon­ta­ña don­de toca el sol, acción, movi­mien­to, calor, el cie­lo, la par­te mas­cu­li­na, la expan­sió. En la medi­ci­na chi­na, cons­tan­te­men­te se hace refe­ren­cia al Yin y el Yang y se iden­ti­fi­can des­equi­li­brios y des­ar­mo­nías en rela­ción con ellos.
En la medi­ci­na chi­na, ade­más de uti­li­zar las leyes del Yin y el Yang, se uti­li­za la TEORIA DE LOS CINCO ELEMENTOS. Estos cin­co ele­men­tos per­te­ne­cien­tes a la natu­ra­le­za: agua, fue­go, tie­rra, metal y made­ra, guar­dan rela­ción con las esta­cio­nes cli­má­ti­cas, con cada uno de los órga­nos y vís­ce­ras (Zang Fu), con los teji­dos del cuer­po y con las emo­cio­nes.
Tam­bién los chi­nos, lejos de poder obser­var el inte­rior del cuer­po humano a cau­sa de sus cos­tum­bres, des­cri­ben des­de el Nei King, pri­mer libro de medi­ci­na chi­na escri­to hace más de 3.000 años, un tipo dife­ren­te de “Cir­cu­la­ción Ener­gé­ti­ca” por la que cir­cu­la el Qi o la Ener­gía que reco­rre todo el cuer­po, exte­rior e inte­rior­men­te. Es la teo­ría de los cana­les y cola­te­ra­les que des­cri­be 12 meri­dia­nos prin­ci­pa­les dife­ren­tes y otros secun­da­rios, liga­dos a los órga­nos inter­nos, estos meri­dia­nos dis­po­nen de zonas exter­nas, deno­mi­na­das pun­tos de acu­pun­tu­ra, des­de don­de se pue­de influir median­te la esti­mu­la­ción (agu­jas, masa­je y ven­to­sas).
Los méto­dos de diag­nós­ti­co de la medi­ci­na chi­na nos per­mi­ten cono­cer el sín­dro­me que des­equi­li­bra al pacien­te y encon­trar un tra­ta­mien­to. Con las mis­mas pre­gun­tas que la medi­ci­na occi­den­tal y con otras más liga­das a la medi­ci­na chi­na: sen­sa­cio­nes de frío y calor, emo­cio­nes, etc. Se gene­ra un diag­nos­ti­co. La medi­ci­na chi­na hace mucho hin­ca­pié en la  explo­ra­ción del pacien­te: se obser­van ras­gos dife­ren­tes de los habi­tua­les como el color del ros­tro, el olor del pacien­te, las tem­pe­ra­tu­ras, la len­gua y el pul­so. La len­gua nos indi­ca la situa­ción ener­gé­ti­ca del pacien­te en el momen­to de la con­sul­ta. Es un diag­nós­ti­co muy pre­ci­so en el cual obser­va­mos el color de la len­gua, los movi­mien­tos, la for­ma, el tipo, etc. El diag­nós­ti­co median­te el pul­so se prac­ti­ca median­te la pal­pa­ción de la arte­ria radial en ambas muñe­cas y pro­por­cio­na infor­ma­ción de los órga­nos inter­nos según la cali­dad del pul­so en dife­ren­tes posi­cio­nes.
Una vez alcan­za­do el diag­nós­ti­co del pacien­te, se deci­de un tra­ta­mien­to según las dife­ren­tes ramas tera­péu­ti­cas de esta medi­ci­na: · Acu­pun­tu­ra: Apli­ca­ción de agu­jas de acu­pun­tu­ra en los deno­mi­na­dos pun­tos de acu­pun­tu­ra para influir en los meri­dia­nos y los órga­nos inter­nos, y favo­re­cer el equi­li­brio, moxi­bus­tión que es la apli­ca­ción de calor median­te arte­mi­sa en los pun­tos de acu­pun­tu­ra y en cier­tas áreas,  ven­to­sas o masa­je Tui­na
Hay tam­bién dis­ci­pli­nas físi­cas como el Tai Chi y el Qi Gong  que pro­cu­ran man­te­ner el cuer­po fle­xi­ble y la cir­cu­la­ción de la san­gre y de los meri­dia­nos sin blo­queos. Son  téc­ni­cas de man­te­ni­mien­to de la salud, muy liga­das a la res­pi­ra­ción, que actúan de for­ma pre­ven­ti­va y se basan en las mis­mas teo­rías que las artes mar­cia­les chi­nas
La medi­ci­na tra­di­cio­nal chi­na apor­ta a nues­tra medi­ci­na cien­tí­fi­ca un pun­to de vis­ta al que no pode­mos acce­der median­te la pura cien­cia: el de la glo­ba­li­dad, el de la inter­ac­ción cons­tan­te y flui­da de nues­tro cuer­po con la natu­ra­le­za, las llu­vias, el calor, el frío, las emo­cio­nes, la die­ta, etc. La medi­ci­na chi­na pue­de ayu­dar­nos a enten­der aspec­tos de nues­tra salud y de nues­tras enfer­me­da­des que des­de la ópti­ca de la cien­cia serían total­men­te inex­pli­ca­bles.
Maria Godoy | arbolcosmico@gmail.com
Estu­dian­te avan­za­da de medi­ci­na tra­di­cio­nal chi­na de la Escue­la de Medi­ci­na Tra­di­cio­nal Chi­na sede Men­do­za.