Cora Leivinson nos comenta cómo la musicoterapia ayuda a lograr una mejor calidad de vida a niños que presentan esta condición.

El autis­mo es una diver­si­dad en el funciona­ mien­to neu­ro­ló­gi­co, es un desa­rro­llo atí­pi­co en don­de exis­te una dife­ren­cia en el pen­sa­mien­to, trans­fi­rién­do­se en pro­ble­mas de comu­ni­ca­ción y expre­sión de sus sen­ti­mien­tos. Ellos rea­li­zan estruc­tu­ras men­ta­les de una mane­ra dife­ren­te, no entien­den la pro­yec­ción de un dedo y mucho menos emo­cio­nes com­ple­jas, es por eso que eva­den su mira­da, tam­po­co cuen­tan con la capa­ci­dad de anti­ci­par hechos. Es decir que las fun­cio­nes deno­mi­na­das proto­ decla­ra­ti­vas no son enten­di­das por ellos.
DETECTAR, ENTENDER Y AYUDAR
Lamen­ta­ble­men­te se le da prio­ri­dad a que si el niño se mue­ve extra­ña­men­te, si se aís­la o hace berrin­ches, pero lo que en reali­dad no esta­mos vien­do, es su difi­cul­tad de enten­der qué le pasa a la gen­te de su alre­de­dor. Es impor­tan­te que los pedia­tras lo pue­dan detec­tar a tiem­po y empe­zar un tra­ta­mien­to ade­cua­do, en con­jun­to con tra­ba­jo de logo­pe­dia, fono­au­dio­lo­gía entre otros, en don­de se le ense­ñe auto­rre­gu­la­ción.
CÓMO INFLUYE LA MÚSICA
Se tra­ta de poner a fluir la acción con­jun­ta, la inter­sub­je­ti­vi­dad y la com­pli­ci­dad, cosas a las que están des­acos­tum­bra­dos a uti­li­zar pero que pue­den desa­rro­llar. Este tra­ba­jo mejo­ra su autoes­tima, sacán­do­los del ais­la­mien­to, ense­ñán­do­le a escu­char al otro y enten­der­lo. Para hacer músi­ca no se nece­si­ta mirar al otro, sólo sen­tir­lo.
La meto­do­lo­gía de tra­ba­jo es muy diver­sa, lo prin­ci­pal es gene­rar una rela­ción empá­ti­ca y estar pen­dien­te de dar­le estí­mu­los sig­ni­fi­ca­ti­vos. Los resul­ta­dos son muy posi­ti­vos, logran­do que pue­dan desa­rro­llar una acción con­jun­ta o conec­tar a tra­vés de la mira­da, por ejem­plo.
Tam­bién ayu­da a estar en comu­ni­ca­ción con el otro trans­mi­tién­do­se en el día a día, aumen­tado el tono mus­cu­lar y mejo­ran­do la prensil­idad de sus manos; apren­den a imi­tar, lo cual favo­re­ce el apren­di­za­je, tenien­do en cuen­ta que ellos no pue­den apren­der cosas por sí solos y nece­si­tan la imi­ta­ción para desa­rro­llar­se.
Autis­mo es una con­di­ción com­ple­ja, fal­ta mucho aún para com­pren­der­la pero median­te el tra­ba­jo inter­dis­ci­pli­na­rio, dedi­ca­ción y por sobre todo afec­to se pue­den lograr gran­des avan­ces para que estos chi­cos pue­dan vivir mejor y ser más feli­ces.