Silicon Valley tiene su propia agenda sobre el futuro del capitalismo: quiere que sea 100% digital, móvil, ágil y transparente. También proponen que las plataformas que las hacen posibles estén disponibles 24 horas al día.

Des­de la ciu­dad ubi­ca­da al sur de la Bahía de San Fran­cis­co se está ges­tan­do y fomen­tan­do un nue­vo sis­te­ma finan­cie­ro, el Block­chain, una base de datos dis­tri­bui­da que evi­ta mani­pu­la­cio­nes y dupli­ca­dos.
Al encon­trar­se divi­di­da en millo­nes de compu­tado­ras que se actua­li­zan cons­tan­te­men­te, resul­ta muy difí­cil hac­kear­la o mani­pu­lar­la al no estar cen­tra­li­za­da en nin­gu­na par­te en con­cre­to. Por otro lado, evi­ta duplica­dos, sim­ple­men­te por­que los archi­vos no pue­den repro­du­cir­se. Es como trans­fe­rir dine­ro de una cuen­ta corrien­te a otra, en la cual no nos pode­mos que­dar con nin­gu­na par­te de lo que hemos envia­do.
La prin­ci­pal ven­ta­ja y el uso más fre­cuen­te que se le pue­de dar a este nue­vo sis­te­ma, es la lla­ma­da con­ci­lia­ción ban­ca­ria, que es lo que ocu­rre cuan­do las enti­da­des nan­cie­ras de todo el mun­do ponen en común la infor­ma­ción que poseen de sus dis­tin­tas bases de datos para ase­gu­rar­se de que las ope­ra­cio­nes que­den regis­tra­das correc­ta­men­te y corre­gir los erro­res.
El sis­te­ma de Block­chain vuel­ve mucho más fácil y efi­caz esa comuni­cación, suma­do a la rec­ti­fi­ca­ción de fallos de una mejor mane­ra, por­que se com­par­te al mis­mo tiem­po múl­ti­ples bases de datos, man­te­nién­do­los conec­ta­dos y actua­li­za­dos.
Otra ven­ta­ja que pre­sen­ta fren­te a las enti­da­des finan­cie­ras tra­di­cio­na­les es la agi­li­za­ción y aba­ra­ta­mien­to de las trans­fe­ren­cias inter­na­cio­na­les, logran­do entre un 33% y un 60% de reduc­ción de cos­tos. Ade­más, hay otra ven­ta­ja muy impor­tan­te, los tokens; son pro­duc­tos digi­ta­les que se pare­cen a una mone­da, pero su valor depen­de úni­ca­men­te de los acti­vos que repre­sen­tan.
Pue­den repre­sen­tar des­de dine­ro has­ta mate­ria pri­ma. Las empre­sas pue­den uti­li­zar­los como medio de pago o cobro sin recu­rrir necesaria­mente a una enti­dad finan­cie­ra y sin tener que abrir una cuen­ta en ella.
Una nue­va uti­li­dad se pre­sen­ta con esta moda­li­dad finan­cie­ra, los con­tra­tos inte­li­gen­tes, estos son archi­vos digi­ta­les cons­trui­dos sobre block­chain los cua­les son inmo­di­fi­ca­bles y que­dan alma­ce­na­dos en una base de datos dis­tri­bui­da y com­par­ti­da por los fir­man­tes. Asi­mis­mo la eje­cu­ción de las obli­ga­cio­nes se pro­du­ce auto­má­ti­ca­men­te.
De igual for­ma, block­chain, mone­das digi­ta­les, tokens y con­tra­tos inteli­gentes nece­si­tan de la con­fian­za de las gran­des empre­sas y de la pobla­ción gene­ral que aún man­tie­nen sus dudas por los posi­bles fallos de segu­ri­dad.
Pero block­chain sólo será una reali­dad cuan­do el Inter­net de las cosas se mate­ria­li­ce, conec­tan­do a 50.000 millo­nes de dis­po­si­ti­vos. Por el momen­to vivi­mos el ensa­yo de una revo­lu­ción finan­cie­ra ges­ta­da en la ciu­dad de las gran­des men­tes.