Para la sec­ción Via­jes de este mes, ele­gi­mos 3 hote­les que harán que che­quees tu rece­so vaca­cio­nal al ins­tan­te. Tan­to si te gus­ta ais­lar­te de la gran ciu­dad, como si te atraen los luga­res don­de se res­pi­ra la his­to­ria, o si sos faná­ti­co de la vida con­for­ta­ble, esta nota ha sido crea­da para que com­ple­tes tu calen­da­rio de via­jes ¡ya!

El inte­rior de las habi­ta­cio­nes sigue la línea esté­ti­ca del hotel..

Mon­ta­ña Mági­ca Lod­ge

Encla­va­do en el cora­zón de la reser­va bio­ló­gi­ca Hui­lo Hui­lo —Región de los Ríos en medio de Los Andes Pata­gó­ni­cos, Chi­le—, Mon­ta­ña Mági­ca Lod­ge se fun­de con la sel­va pata­gó­ni­ca que lo rodea, dan­do lugar a un exó­ti­co hotel, de una rare­za tan majes­tuo­sa y mági­ca como la natu­ra­le­za mis­ma. El nom­bre de este lod­ge no pue­de ser más ade­cua­do para defi­nir su esen­cia: su arqui­tec­tu­ra simu­la una mon­ta­ña des­de cuya cima des­cien­de el agua cris­ta­li­na de una cas­ca­da que baña sus “pare­des-lade­ras”. Por fue­ra, se mime­ti­za con la Cor­di­lle­ra de los Andes y, por den­tro, el dise­ño y la deco­ra­ción hacen sen­tir a los visi­tan­tes en un cuen­to de hadas: los ele­men­tos rús­ti­cos de made­ra dan al lugar un esti­lo cáli­do con remi­nis­cen­cias de una épo­ca pasa­da, todo sin dejar de lado las como­di­da­des.

 

Encan­ta­dor por don­de se lo mire, este lugar vaca­cio­nal no solo te pone en con­tac­to con el medio ambien­te, sino que te invi­ta a acer­car­te a tu ser ínti­mo, en un con­tex­to tan pací­fi­co como mara­vi­llo­so. Uno de las expe­rien­cias más des­ta­ca­das por los hués­pe­des son las noches de sue­ño, momen­to en que el silen­cio y los soni­dos de la natu­ra crean un esce­na­rio per­fec­to para el des­can­so y la reno­va­ción.

Plano arqui­tec­tó­ni­co de Mon­ta­ña Mági­ca Lod­ge.

La vis­ta es otro pun­to a des­ta­car, ya que el pai­sa­je que se obser­va des­de las ins­ta­la­cio­nes es el per­te­ne­cien­te al de la flo­ra de la reser­va. Se tra­ta de un bos­que tem­pla­do con una bio­di­ver­si­dad muy rica en ende­mis­mos, tér­mino uti­li­za­do en bio­lo­gía para indi­car que la dis­tri­bu­ción de una espe­cie está limi­ta­da a un ámbi­to geo­grá­fi­co redu­ci­do. Es decir, que algu­nas espe­cies sola­men­te exis­ten en este para­je. Y se pue­de cono­cer y dis­fru­tar todo esto gra­cias las excur­sio­nes que ofre­ce la reser­va, que van des­de acti­vi­da­des aven­tu­re­ras has­ta algu­nas más tran­qui­las: trek­king al vol­cán, moun­tain bike, raf­ting, visi­tas a dis­tin­tos res­tau­ran­tes de la reser­va, tur­nos en el Spa y más.

 

Långholmen’s Hotel

En Långholmen’s Hotel los hués­pe­des son cau­ti­vos del dise­ño moderno, sim­ple y reno­va­do de lo que solía ser una pri­sión. Ubi­ca­do en una ver­de isla homó­ni­ma de Esto­col­mo (Sue­cia), este hotel es fru­to de una increí­ble remo­de­la­ción de un edi­fi­cio cons­trui­do en 1649 por Jochum Ahls­tedt. Este adi­ne­ra­do empre­sa­rio de la cer­ve­za com­pró par­te de la isla y levan­tó una majes­tuo­sa resi­den­cia, que fue lue­go adqui­ri­da por el Esta­do en 1724.  Fue enton­ces cuan­do se tras­for­mó en una cár­cel de muje­res, que con el pasar de los años cre­ció y lle­gó a domi­nar la isla por 250 años.

El inte­rior de una de las “cel­das” genui­nas de Långholmen’s Hotel
con sus auda­ces solu­cio­nes de dise­ño.

Mien­tras duró la épo­ca de la pri­sión, la isla se urba­ni­zó y se edi­fi­ca­ron muchas otras obras. Lo más intere­san­te de la his­to­ria es que gran par­te del terreno era roco­so y esté­ril, y fue­ron los reos quie­nes plan­ta­ron 3000 árbo­les tras sedi­men­tar el sue­lo con barro. Poco a poco, la tie­rra fér­til fue con­vir­tien­do a la isla en un exu­be­ran­te jar­dín con una flo­ra algo exó­ti­ca en com­pa­ra­ción con su entorno, cau­sa­da por varias semi­llas traí­das acci­den­tal­men­te y espar­ci­das por el comer­cio y los buques mer­can­tes de otros luga­res y paí­ses que pasa­ban por la isla. Hoy en día, es un espa­cio muy popu­lar para acam­par y pasear, gra­cias a sus pla­yas y a sus her­mo­sos espa­cios ver­des.

Inau­gu­ra­do en 1989 lue­go de varios años de per­ma­ne­cer cerra­do, el edi­fi­cio abre sus puer­tas como hotel, hos­tel, museo y salas de con­fe­ren­cia. Los hués­pe­des hoy pue­den alo­jar­se en encan­ta­do­ras “cel­das” y vivir la cau­ti­van­te his­to­ria de la míti­ca pri­sión de Esto­col­mo.

Mari­na Bay Sands

La impre­sio­nan­te vis­ta des­de la Infi­nity Poll en el piso 57 de Mari­na Bay Sands.

Mari­na Bay Sands es un com­ple­jo que, a pri­me­ra vis­ta, impac­ta por su ori­gi­nal y monu­men­tal arqui­tec­tu­ra. Y, ade­más, es lo últi­mo en lujo y vis­tas impre­sio­nan­tes. Está con­for­ma­do por tres torres hote­le­ras de 2.560 habi­ta­cio­nes, un cen­tro comer­cial, un museo de Arte y Cien­cia, dos tea­tros, seis res­tau­ran­tes pres­ti­gio­sos, dos pabe­llo­nes flo­tan­tes y un casino con 500 mesas y 1.600 máqui­nas tra­ga­mo­ne­das. Es un mons­truo de la sun­tuo­si­dad que ofre­ce a sus visi­tan­tes diver­sas opcio­nes para el ocio, la diver­sión, el dis­fru­te gas­tro­nó­mi­co y el relax.

Vis­ta de uno de los 20 res­tau­ran­tes del com­ple­jo.

Se encuen­tra en una ave­ni­da prin­ci­pal de la bahía de Sin­ga­pur, que fun­cio­na como área de nego­cios y entre­te­ni­mien­to. Es el mode­lo de hotel de lujo que cuen­ta con todas las ame­ni­ties ima­gi­na­bles. Sin embar­go, no cabe duda de que la atrac­ción prin­ci­pal de Mari­na Bay Sands es la lla­ma­da Infi­nity Pool, la pis­ci­na más lar­ga del mun­do, con una capa­ci­dad para 3.900 per­so­nas. Todo el entorno acom­pa­ña para que la expe­rien­cia se vuel­va úni­ca, ya que se encuen­tra en una pla­ta­for­ma ele­va­da al aire libre (Sands Sky Park) con res­tau­ran­tes en la azo­tea, dis­co­te­cas, jar­di­nes cien­tos de árbo­les y plan­tas y un obser­va­to­rio públi­co con vis­tas de 360 gra­dos del sky­li­ne de Sin­ga­pur. Des­de la cima del mun­do, en una pis­ci­na con bor­des invi­si­bles, la vis­ta es inigua­la­ble y espec­ta­cu­lar.

Arqui­tec­tu­ra moder­na, deta­lles de lujo y ven­ta­na­les esplén­di­dos.

El hués­ped intere­sa­do en las como­di­da­des y el glam abso­lu­to no tie­ne más que alo­jar­se en este hotel para cono­cer lo top del mun­do.

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